2004 - César Portillo de la Luz



2004 - César Portillo de la Luz

Compositor y cantante, uno de los fundadores del feeling junto con José Antonio Méndez y otros compositores. Su música ha servido de tema para el cine y ha sido grabada en varios países, se distinguen por un texto de gran elaboración poética, un amplio sentido armónico y líneas melódicas de gran riqueza.

Nació en La Habana, Cuba, el 31 de octubre de 1922. A los 19 años de edad se inicia en el canto acompañado de su guitarra. Durante la segunda década de los años cuarenta, Portillo de la Luz, junto a figuras de la talla de José Antonio Méndez, Ñico Rojas, Rosendo Ruiz (hijo), Aida Diestro y Elena Burke, entre otros, inician un género que, con nuevos elementos expresivos y en el contexto de la canción trovadoresca cubana, establece un diálogo de gran realismo con el público a través de la emoción y la estructura sintáctica del bolero, al que dan el nombre de feeling.

Entre 1940 y 1950, su labor se hace relevante dentro del ambiente trovadoresco, presentándose en centros nocturnos y famosos cabarets de la capital como el Sans-Souci y el Pico Blanco del Hotel St. John. Su vasta obra autoral ha enriquecido el patrimonio de la cancionística cubana con canciones como Contigo en la distancia y Tú mi delirio, las que cuentan con más de 100 versiones; otras como Noche cubana, Sabrosón, Realidad y Fantasía y Canción de un festival, también han alcanzado una amplia difusión internacional y lo han acreditado como importante cantautor.

Sus temas han sido interpretados por afamadas figuras de todos los tiempos como Nat King Cole, Lucho Gatica, Pedro Vargas, Fernando Fernández, Luis Mariano, Luis Miguel, Plácido Domingo, Caetano Veloso, María Bethania y la Orquesta Sinfónica de Londres entre otros. Diversos escenarios de Europa y América han conocido sus inolvidables composiciones y apreciado sus conferencias y clases de guitarra.

Inició su carrera artística con un trío integrado por Cheo Herrera, guitarra; Ignacio Herrera, tres, y él como cantante. Desde el principio estuvo relacionado con los soneros, entre ellos el guitarrista Enrique Vinajera, esto influyó en su afición por la guitarra, instrumento que ejecutó por vez primera en 1939. Con Vinajera aprendió, de forma empírica, las primeras posiciones de este instrumento; posteriormente, con Enrique Cárdenas, de quien escuchó su interpretación de Recuerdo de la Alhambra, de Francisco Tárrega, algo de la técnica guitarrística. Así fue descubriendo dónde empezaba el acorde y los otros intervalos que daban lugar a la tríada, que es el acorde más elemental que se puede construir; a partir de ahí aprendió a buscar los sonidos para formar un acorde, cómo aplicarlo y cómo colocar los dedos para construir la posición y su digitación.

Hacia 1938, Portillo de la Luz estaba al tanto de todo lo que aparecía, musicalmente hablando, en el cine: tango, huapango, canción, y la música que se escuchaba en la banda sonora de los filmes norteamericanos, en particular, el acompañamiento de la orquesta y la armonía que utilizaban los compositores.

En ese momento comenzó a discriminar lo que escuchaba, y esto lo indujo a escuchar jazz, dirigió su atención a la música de fondo de la banda sonora como subrayado dramático, a la acción y al diálogo, a la imagen y al diálogo, y a las revistas musicales, como Bataclán, Volando hacia Río de Janeiro, y las de Ginger Rogers y Fred Astaire; es decir, lo que se producía en el cine musical norteamericano de aquella época. Así aprendió a subrayar en su música, el espíritu o el carácter del texto que se planteaba en la canción. Por ahí le llegó el impresionismo; más tarde comprendió que la mayor parte de la música que se utilizaba en esos filmes no era, desde el punto de vista genérico, propiamente impresionista, aunque en su aplicación respondía a las leyes del impresionismo.

Su contacto directo con Claude Debussy y Maurice Ravel, fue a través de las grabaciones que escuchó en casa de Ñico Rojas, entre ellas, la suite La mer, del compositor francés Claude Debussy, además de piezas de Federico Chopin, Johannes Brahms y Franz Liszt.

Al respecto dice César: «Me gustó aquel mundo armónico, pero de momento no me daba cuenta que estaba escuchando una música que alternaba su basamento indistintamente con la escala occidental y con la escala oriental también. Después, teóricamente, conocí esto; pero en aquel momento me resultó novedoso, porque escuchaba sonoridades, armonías, que no eran comunes a todas las músicas que yo venía escuchando, basadas en la escala occidental. Así pude distinguir en qué consistía el impresionismo desde el punto de vista armónico y su diferencia con la del romanticismo y la del clasicismo.»

Posteriormente, leyendo y escuchando hablar de música, fue afirmando muchas de sus apreciaciones, y reafirmando esos conocimientos empíricos, intuitivos. Sobre este proceso de intuición ha dicho: «yo no me alegro de no haber estudiado música de una manera sistemática, pero asimismo considero que ha sido una suerte que yo tuviera que intuir mucho para poder hacer mi música, porque creo que lo que define a un artista es su capacidad de intuición para resolver los problemas imprevistos que le plantea un proyecto de creación. La tesis de trabajo no existe a priori, las soluciones para resolver todos los problemas no están escritas; es decir, que todos los problemas que le plantea a uno la obra en su proceso de creación no pueden buscarse en ningún manual, pues no existen las recetas para resolverlos».

Su actitud abierta hacia toda la música que sonaba en aquel momento, independientemente del género, le interesó: un corrido mexicano, un tango, una guaracha o un bolero cubano. Su interés por la música popular fue muy amplio; y en la medida que su pensamiento musical se fue desarrollando, le permitió ser más selectivo a la hora de escuchar música, y se decidió por aquella donde encontró una mayor riqueza armónica, particularmente la música instrumental, incluyendo el jazz.

Concebida así —y esto puede apreciarse en su canción Interludio—, la armonía para Portillo de la Luz, es un elemento de composición; es, en esencia, otra composición por su independencia de la melodía, a la que, sin embargo, sirve de marco para su expresión.

En esta etapa, Portillo de la Luz incluye al jazz como una de las músicas que más lo impactaron, y cuya influencia es notable, sobre todo en su modo de hacer guitarrístico. Estuvo atento a todo lo que pasaba en la música de los Estados Unidos. Sin embargo, es después de la Segunda Guerra Mundial cuando aparecen las primeras grabaciones discográficas de microestría, que fue una revolución en el mundo del disco, pues en una sola placa se podía tener la misma cantidad de música que en varias de 78 r.p.m.; y esto facilitó la información musical de los compositores cubanos de este período.

Su influencia mayor fue la de Glenn Miller, que dejó una huella imperecedera en su obra, particularmente en el aspecto tímbrico y armónico. Otra de sus influencias fue la orquesta de Stan Kenton, que le preparó el oído para escuchar a Duke Ellington, así como la de André Kostelanetz. Todos estos músicos le ampliaron su universo sonoro y armónico.

Hacia 1940, entró en contacto con la obra de Manuel de Falla, que escuchó junto a Ñico Rojas y Frank Emilio; el nivel como guitarrista de Ñico, y el de Frank como pianista, estimularon su interés por este compositor, y lo ayudaron a madurar como creador. Sin embargo, en el aspecto guitarrístico, fue Vicente González Rubiera (Guyún), al que conoció en 1948, quien lo deslumbró, al darse cuenta de que la guitarra era mucho más de lo que pensaba. Cuando se encontró con él comprendió que había muchos más caminos en sus posibilidades de desarrollo.

Los miembros del movimiento filin vivieron la época del advenimiento del cine sonoro, el desarrollo de la radiodifusión y la industria discográfica; y estos medios les proporcionaron la información que contribuyó al enriquecimiento de su pensamiento artístico y musical.

Cuando escribe Contigo en la distancia en 1946, ya había alcanzado un nivel importante, esta canción marca el principio de su vida profesional y de una personalidad particular desde el punto de vista estilístico en el quehacer compositivo, es una canción que escribió cuando tenía 24 años, una edad en que en la vida del hombre todo se expresa con vitalidad, con fuerza, con pasión.

La primera versión al disco de Contigo en la distancia la hizo en 1947, Fernando Fernández, a quien llamaban el crooner; fue una grabación de la Víctor con la orquestación de Sergio Guerrero; entre 1947 y 1953, se graban varios discos en los que aparece esta obra, y se incluyó en el filme mexicano Callejera, donde Fernando Fernández era el protagonista; posteriormente la grabó Andy Russell, que fue quien puso en órbita en México, de una manera pujante, la canción; esta vez orquestada por el compositor y pianista mexicano Mario Ruiz Armengol, quien es, sin dudas, uno de los grandes orquestadores de la música popular en América Latina, según Portillo de la Luz, «esta es, en mi opinión, la versión más lograda»; incluso, The Royal Philarmonic Orchestra de Londres, bajo la dirección de Ettore Strata, con Jorge Calandrelli, como pianista, tiene grabada una versión del tema; también el tenor español Plácido Domingo, y los cantantes Caetano Veloso, brasileño; y Luis Miguel, mexicano.

En este período, Portillo de la Luz había alcanzado un nivel como creador, y esto le permitió hacer un programa como trovador. De 1946 data Realidad y fantasía, que grabó Roberto con el Conjunto Casino, y con la popularidad de esa obra, comienza a ser un compositor con cierto reconocimiento, pero es Contigo en la distancia, del mismo año, la canción que lo reafirma como compositor, y a la vez le permite, sin darse cuenta, meterse en el mundo profesional de la música. Sin embargo, su verdadero debut profesional, fue en el programa Canciones del Mañana con César y Rebeca (Rebeca era la guitarra de César), que se trasmitía por la radioemisora Mil diez. Sin embargo, su primer programa como profesional lo hizo en Radio Lavín en 1947; con él trató de vender un espacio como trovador. En 1959, y como continuidad de aquel programa, hizo otro en Radio Progreso que se llamó Canciones en la Tarde, que inicialmente fue por la noche.

En temas como Es nuestra canción, 1948; Al hombre nuevo, 1967; Canción a la canción, La hora de todos, y ¡Oh! valeroso Vietnam, 1968; se manifiesta cómo cada nuevo problema le planteaba soluciones artísticas diferentes, como ha ocurrido, a través de la historia de la música, con los grandes creadores, y César es uno de ellos. Como compositor, lo que define más decididamente la manera de hacer de César es la concisión, resultado de la habitual concentración de todas sus fuerzas espirituales hacia un objetivo determinado. Esto por una parte; por la otra, en cada nueva canción ha aportado algo nuevo a su obra, un paso ascendente con respecto a las demás y, por ende, ha enriquecido el caudal de la música cubana.

Su principal propósito fue expresar ideas desde la canción, pero con temas diversos; que versan desde la canción de amor, hasta la crítica a ciertas formas del comportamiento humano.

Obras

Concierto gris, 1946

Contigo en la distancia, 1946

Estampa bohemia, 1946

Noche cubana, 1946

Realidad y fantasía, 1946

Perdido amor, 1947

Es nuestra canción, 1948

Vuelve a vivir, 1949

Canto a Rita, 1954

Chachachá de las pepillas, 1954

Sabrosón, 1954

Tú, mi delirio, 1954

Dime si eres tú, 1962

Canción de un festival, 1963

Al hombre nuevo, 1967

Amor 67, 1967

Canción a la canción, 1968

La hora de todos, 1968

!Oh! valeroso Viet Nam, 1968

Amor es eso, 1970

Canción sobre un cuento de Onelio, 1970

Interludio, 1972

Arenga para continuar una batalla, 1973

En esta fecha, 1978

Canción de los juanes, 1979

Son al son, 1980

Canción breve para el juglar, 1983

Canto, luego existo, 1983

La cuestión, 1983

Monólogo in blue, 1983

Muestrario, 1983

Señora mexicana, 1983

Son de a verdad, 1983

Canción para ese día, 1987

Gracias señora M, 1995

Forever Frank, 1998

Como una flor, 2003

El 15 de abril de 2004, la Academia de las Artes y las Ciencias de la Música, le otorgó, en su VIII edición, el Premio Latino a Toda Una Vida, en ceremonia efectuada en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, España.

En ese mismo año se le otorga el Premio Nacional de Música.